La política y su laberinto. Nuevos territorios, viejas batallas

Las marchas y contramarchas en las manifestaciones públicas de los candidatos presidenciales son expresiones de un nuevo paradigma comunicacional y de una práctica política que ha recuperado la centralidad de otros tiempos, pero que a la vez busca sacar ventaja de los vericuetos mediáticos.

Por Gonzalo Arias*

“Seguimos dejando que esas palabras que transmiten nuestras consignas, nuestras opciones y nuestras conductas, se desgasten y se fatiguen a fuerza de repetirse dentro de moldes avejentados, de retóricas que inflaman la pasión y la buena voluntad pero que no incitan a la reflexión creadora, al avance en profundidad de la inteligencia, a las tomas de posición que signifiquen un verdadero paso adelante en la búsqueda de nuestro futuro. […]”, Julio Cortázar

En Argentina la política, aun siendo una de las prácticas con menor credibilidad, dice y tiene mucho para decir. En la última década, ha recuperado su capacidad como herramienta transformadora independientemente del signo político que la impulse, y tanto el electorado como los medios de comunicación lo saben. La política ha vuelto a ocupar un lugar central en la vida de los argentinos y varios acontecimientos contemporáneos nos ayudan a validar esta afirmación.

Los familiares de las víctimas de la tragedia ferroviaria de Once utilizaron los medios de comunicación para pedirle a la presidenta Cristina Fernández que se ocupe de resolver el ineficiente servicio de trenes en el país, y que concluya las concesiones sospechadas. Independientemente de las críticas, hay un reconocimiento de la figura del Estado como hacedor y hoy el Gobierno tiene la posibilidad de mostrar una solución concreta al problema. Situaciones similares observamos cuando padecemos tragedias naturales como el fenómeno de las inundaciones en nuestras ciudades. La comunidad reclama, los medios expanden y los Estados deben responder. De esta manera, queda muy atrás el modelo del que se vayan todos que supo musicalizar las protestas de los argentinos en tiempos pasados.

Continúa existiendo la amplificación de los medios para apuntalar un reclamo legítimo pero en la vereda de enfrente hay un Estado que está presente en el imaginario de la población que demanda. A los fines del presente análisis no nos importa si es vehiculizado por una crítica o una deficiencia, sino que habla un actor político que debe dar cuentas por lo no hecho y de la responsabilidad del por hacer. Lejos quedan las décadas donde la entidad Estado, Gobierno o Partido político no aparecían en escena.

Somos protagonistas de un nuevo paradigma comunicacional que ha coincidido en el tiempo y el espacio con iniciativas políticas que han dejado su marca en las sociedades actuales con democracias fortalecidas e instituciones que recuperaron su valor histórico. Un fenómeno que se ha multiplicado con la hiperactividad y la comunicación de ida y vuelta que han precipitado las redes sociales.

En la última década se han desencadenado diversos proyectos políticos en América Latina que han resignificado el sentido de la práctica política en la región. Observamos un derrotero de políticas públicas e inversiones estatales destinadas a la ampliación de derechos laborales, de igualdad de género, de inclusión, y de modernización de las administraciones públicas apoyadas en el crecimiento de la infraestructura y la obra pública, que avanzaron de la mano de expresiones sociales crecientes, más participativas y activas, motorizadas por la alfabetización digital y las oportunidades de acceso a la información y la comunicación que ha brindado el avance tecnológico.

Épocas de satélites made in Argentina, de sistemas de medios regulados,  y de la universalización en los usos culturales de la tecnología, donde se ha revitalizado la práctica política y su incidencia en las transformaciones sociales. Es en este contexto, donde la acción política y su necesaria planificación se articulan inseparablemente con los conceptos de comunicación y opinión pública y, es por ello, que reflexionar en torno a la comunicación como construcción política y su interacción con la agenda pública se ha tornado cada vez más necesario para las usinas intelectuales de los candidatos.

En esta era de la hipercomunicación, los políticos ya no podrán prescindir de ninguna de las herramientas de interacción con los electores, pero sí sumar las nuevas, como es el caso de las redes sociales. El hecho de que las redes sociales y sus distintas adaptaciones puedan ser navegadas constantemente en plataformas múltiples, ofrece un panorama tentador para toda aquella figura pública que pretenda comunicar(se). El uso de las mismas por parte de los candidatos debe tener en cuenta las transformaciones culturales y de nuevos patrones comunicacionales.

Sin embargo, todo es muy efímero. Lo que exige un mayor esfuerzo de cálculo de los candidatos en un territorio donde se producen reinvenciones constantes en un contexto de hipermediatización de las demandas sociales, y de una sobrevaloración de su incidencia en la construcción de la agenda pública. Individuos con acceso permanente gracias a los celulares y que cada vez se ven más inmersos en sus dispositivos electrónicos.

¿La noticia? Bajo estas reglas, se resignifica constantemente el slogan grondoneano de Todo Pasa ya que media hora en twitter es historia antigua. Los candidatos encuentran en este camino los insumos necesarios para desplegar una estrategia de camino corto –la que intenta obtener el mayor efecto al menor costo político- para posicionarse, una vía que podría resultar altamente efectiva y menos riesgosa si se la compara con la acción de brindar conferencias de prensa todos los días.

La especulación y el cálculo aumentan si a la inmediatez de las redes se le suma el contexto político y económico del país, que provoca que los candidatos calculen cada vez más para mostrar sus movimientos. Vale destacar también que estos fenómenos son una tentadora invitación a meter los pies en el barro para los candidatos con menor conocimiento público, que tienen poco tiempo para instalarse y una mayor necesidad de crecer en un período relativamente breve. Las redes permiten conjugar pocos recursos con masividad y en este sentido ayudan a trascender las limitaciones materiales que impone una campaña.

El escenario comunicacional actual es irreversible y hay que encontrar las mejores destrezas para transitar por él. Las redes sociales han posibilitado ampliar los horizontes de participación de gran parte de la población que hoy vive en contextos más plurales y democráticos. Estas manifestaciones deben ser tenidas en cuenta a la hora no solo de la difusión y puesta en escena de un candidato, sino también como recurso sumamente útil para recabar opiniones.

Más de 6 millones de usuarios de Twitter son argentinos. En un reciente análisis hecho por la agencia de comunicación Digital & Social Media, Social Piar se da cuenta del comportamiento de los candidatos a Presidente en sus cuentas de Twitter.

Por ejemplo, como primer dato relevante aparece el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli que sorprende por su grado de efectividad: el 94.9% de sus tweets fue por lo menos retuiteado o marcado como favorito una vez.

Al mismo tiempo, Mauricio Macri es el personaje con más seguidores. Lo que parece obvio pero no deja de ser una advertencia significativa, es el hecho de no emparentar seguidores con futuros votantes. El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sumó en el mes de agosto 46.990 followers más, y Scioli unos 24.963.

Es un error confundir la reputación en Twitter con los resultados de una encuesta de intención de voto; el clima virtual podría arrojar algunas tendencias pero la cantidad de menciones que pueda tener en un día un político no es un valor en sí mismo.

Puede ocurrir que un dirigente encabece las menciones referidas a él por un revuelo creado alrededor de cierta frase pronunciada en tono polémico o hasta ridículo, y que hasta termine perjudicando su perfomance.

El día que Hermes Binner, precandidato presidencial por el FA UNEN, obtuvo más menciones fue cuando dijo que creía en la mano invisible del mercado (si hubiese sido Macri el emisor de tal frase, quizás no hubiera sido tan fuertemente comentada; pero la dimensión adquiere otra relevancia y se refuerza al haber sido expresada por un dirigente socialista, que se ve en contradicción con sus preceptos partidarios).

Un factor notable que marca el cambio de época es el grado de penetración que las redes tuvieron en su desembarco en la televisión. Ambos medios se retroalimentan y hasta el momento, plantean una coexistencia: se ve en los hashtags usados en Twitter respecto a algo sucedido en algún programa y viceversa, la utilización por parte de los programas de TV de esta red.

Se observan productores de televisión a la búsqueda de generar algún trending topic e instalarlo como tema candente, y así crear volumen alrededor del programa, nutrirse de esta herramienta de interacción, porque como bien es sabido, los números del rating rigen y van determinando a su vez el contenido de los programas.

Nos vemos constantemente interpelados por mensajes de todo tipo. La hipótesis con mayor verosimilitud es la de una televisión que responde a este nuevo paradigma de atención dispersa y fragmentada y por eso se ve obligada a buscar contenidos que están por fuera de sus parámetros televisivos tradicionales. Un fenómeno que contribuye a esta asimilación de plataformas y que sobre todo, se da en los programas de noticias, es el hecho de que los usuarios de las redes registran los acontecimientos en el mismo momento en que suceden a través de sus dispositivos, que después la televisión recoge. Es decir, las noticias se anticipan y llegan a las redes antes de que lleguen las cámaras, pues su presencia en realidad se termina nutriendo de los relatos que exponen los que estuvieron presentes.

Desde la televisión, durante octubre se impulsaron trending topics tales como #FreyreConMirtha, #678Adecuado y #GuidoEnDDD, reflejando estas nuevas reglas de juego mencionadas. El ámbito político no está exento de este entramado. En el mismo mes, uno de los temas con mayor repercusión fueron los dichos de la Presidenta frente a un posible atentado aglutinados en el hashtag #SiMePasaAlgo (fue trending topic el 1 y 2 de octubre).

A modo de ejemplo, Social Piar señala que el 4 de agosto Sergio Massa fue el político al que más aludieron los usuarios de Twitter nombrándolo (sin citarlo con el “@”). El motivo fue el llamado de Marcelo Tinelli en su programa en vivo y la confesión de Facundo Moyano de su deseo de que Massa sea elegido Presidente. En este caso, se da una concatenación de sucesos que en función de los intereses de Showmatch y del ex intendente de Tigre son beneficiosos y que de algún modo se revalorizan mutuamente.

El programa de Canal Trece apoyado en sus niveles de rating generó gran rebote en las redes,  y Massa  alcanzó un primer objetivo de estar en boca de todos,  al menos por un rato. Cuando Susana Giménez lo nominó para el Ice Bucket Challenge: allí su cuenta alcanzó el pico de menciones en el mes de agosto.

Hasta aquí hemos presentado una llave a la popularidad para nada despreciable. Pero no hay que perder de vista que a los candidatos no les basta con ser populares, ya que hay un punto en el cual se le pedirá que expongan ideas con contenido y soluciones. La historia política reciente nos muestra el caso de Francisco de Narváez, quien no supo capitalizar el caudal electoral obtenido en 2009 para permanecer en la escena política.

La relación de la comunidad con los políticos fue mutando a la par de estos cambios. Otra forma de abordar este vínculo es analizando las respuestas que brindan los candidatos a los usuarios a través de las redes. Qué ocurre con los mecanismos a través de los cuales comunican, si se refieren a otros candidatos, si contestan a los usuarios, si retuitean mucho o poco, si linkean otros sitios, etc.). Cada candidato tiene su impronta que va de la mano de una estrategia cada vez menos espontánea y calculada.

Scioli –por ejemplo- no interactúa con otras cuentas. Macri, por el contrario, utiliza mucho el recurso de retuitear contenido de otros twitteros. Randazzo tiene un alto porcentaje de referencias a la Presidenta (en una demostración de lealtad y sujeción a las ordenanzas oficialistas).

La cuenta de Sanz maneja un tono más de denuncia (en franca oposición al Gobierno nacional y en desventaja respecto de los demás candidatos, cuenta con la posibilidad de arriesgarse más). El ex Vicepresidente Julio Cobos, mencionó durante agosto 11 veces a su compañero de espacio Hermes Binner.

Sobre los temas de los discursos de los candidatos, aun sin campaña formal, parecen ser los mismos hasta el momento. En octubre, Social Piar registró que la temática referida a la educación fue la que menos tweets provocó (dentro de todos, Cobos fue el que más atención le brindó), evidenciando una preferencia por la seguridad, la economía y hasta las propias campañas en sus discursos en las redes. El que más supo abrirse paso con sus propuestas fue De la Sota, con 14 tweets al respecto. Cuestiones que tienen que ver más con el corto plazo y con la coyuntura. Y allí reside el ejercicio vital por parte de los electores de exigir resoluciones afines a las expectativas, pero que a la vez estén enmarcadas en un mediano y largo plazo. Lo curioso de este aspecto es que la palabra educación fue la menos mencionada, evidenciando la poca relevancia que los candidatos le otorgan. Teniendo en cuenta que se valen de meticulosas encuestas de opinión pública y que las áreas en las que dedican estratégicos esfuerzos comunicacionales son aquellas percibidas como significativas por parte de la sociedad, cabe preguntarse por qué no es ponderada al igual que la seguridad. Por lo menos da la pauta de que en última instancia, la educación no es un tema que incline la balanza ni determine el ganador de una elección. Y tampoco es cuestión de sumarla de manera poco fecunda a los discursos, sin dotarla de contenido y sin una relación coherente con la propuesta que se esté haciendo.

A casi un año de las elecciones, todo suma y poco resta. O esa es la ilusión al menos de la interacción en las redes. Pasado el verano el escenario se complejizará y el electorado deberá encontrar las diferencias que terminen definiendo su voto en el cuarto oscuro. Sin dudas, la política se está aggiornando a la innovación de los soportes comunicacionales, pero no abandonará otras herramientas que le deberán permitir mostrar solidez en los próximos tramos de la campaña.

Hablamos de sociedades participativas y políticos activos que encontraron en el territorio digital el escenario ideal para la interacción de expresiones, deseos, quejas y promesas en el corto plazo. Pensando en el futuro, hablamos de las expectativas cívicas que genera un país con instituciones más fuertes y ciudadanos más críticos, con altos niveles de alfabetización.

Los dirigentes deberán trabajar con versatilidad en este contexto donde hay mucho por perder y ser ágiles para recorrer los caminos tentadores pero no menos sinuosos de la comunicación, sabiendo que el tiempo de correr riesgos y de abandonar los moldes aventajados que menciona Cortázar, más tarde o más temprano, llegarán.

¿Somos más exigentes después de 30 años de períodos constitucionales? ¿Una sociedad más experimentada puede elevar sus pretensiones sobre sus gobernantes? Son interrogantes que debemos esperar para responder. Por lo pronto, la clase política argentina enfrentará en 2015 un doble desafío: cómo mostrar capacidad de resolver los problemas de la población en un contexto de pérdida de credibilidad de la política; y cómo leer estas demandas en un momento histórico donde prima la inmediatez y el intercambio voraz de información, pero con un electorado aparentemente más maduro, más participativo y activo.

*Director del Grupo de Investigación: “Transformaciones en las campañas políticas presidenciales en Argentina”, Ciencias Políticas, UBA.                                                                                      

 

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