Las manos en la massa

Por Gonzalo Arias*

“No descartamos nada”, declaró en las últimas horas Malena Galmarini, al referirse al rumbo que optará su marido en lo que se ha transformado en la decisión más esperada de este tramo de la campaña. Sin dudas Massa ha logrado a fuerza de gestos y declaraciones constituirse en un actor protagónico en el concierto presidencial de cara a las próximas elecciones. Sin embargo, no todo es color de rosas para el tigrense que tanto insistió en manejar por avenida y que hoy parece no encontrar dónde estacionar.

Estos altibajos, no necesariamente se deben a errores propios sino más bien a un replanteo del escenario y a los cambios de estrategia de los otros invitados a la contienda. Vale destacar que su equipo de campaña nos ha venido acostumbrando a que la imagen de Sergio Massa, siempre incansable, venía mostrando cada 3 o 4 días un modo de llamar la atención.

Como siempre se ha dicho en comunicación política, es clave tener medidos los movimientos de los adversarios. Y, en ese sentido, el massismo acorralado por hacer crecer su liderazgo ha perdido de vista a sus competidores. El renacimiento kirchnerista y la duranbarbarización del macrismo -post caída de Michetti- han encontrado en la polarización el mejor negocio para transitar la etapa previa al cierre de listas.

Tanto los medios, como los gestos del kirchnerismo y el macrismo dan cuenta de esta situación. La mayor parte de la cobertura periodística de las campañas presidenciales nos muestran qué hizo uno y otro, como el golpe por golpe de un partido de tenis, respondiéndose en sus estrategias o apariciones. Mientras tanto, inteligentemente pero cada vez con menos combustible, Massa intenta seguir en carrera, colarse buscando llamar la atención de los argentinos con estadios repletos, anuncios con temas sensibles para la población, gabinetes en las sombras, entre otros golpes de efecto. Sin dudas, sus asesores, publicistas, consultores extranjeros y locales, se están ganando su sueldo con dignidad, apoyando a su candidato para que no saque los pies del plato, pero la mesa parece estar servida y no está claro si quedan sillas para sentarse. Siguiendo con la jerga gastronómica, la duda que sobrevuela hoy es hasta donde se estira la massa, antes de romperse.

Estamos en tiempos de definiciones. Scioli, ya no solo ningunea a Randazzo, también lo invisibiliza a Massa en sus declaraciones. Macri, por su parte, no para de cerrarle puertas a una posible primaria compartida con el Frente Renovador adentro. Síntomas claramente destacados en la analogía con la teoría de Michael Porter que utiliza Fontevecchia en su artículo (http://www.perfil.com/columnistas/El-problema-de-Massa-20150524-0005.html), acerca de que Scioli polariza por el lado de la popularidad, y Macri por el lado de la exclusividad, relegando a Massa a un híbrido difuso en el que oscila entre tener que generar volumen político al mostrarse con De la Sota y otros, llamar la atención usando recursos publicitarios (el famoso “Tajaí”), intentar traccionar a Macri a una gran PASO opositora, hasta impulsar un Código penal más duro o compararse con el personaje de Rocky.

Es claro que Massa va perdiendo volumen político al paso que distintos integrantes de su esquema retornan al kirchnerismo: lo transmiten los medios y también las encuestas que están mostrando la merma de puntos en su intención de voto a presidente. Otro factor que aparece en el culebrón que viven Sergio y Malena por estos días es la enorme capacidad para perdonar que tiene la política. Lo dijo el intendente de la Matanza y presidente del partido justicialista de la Provincia de Buenos Aires, Fernando Espinoza cuando manifestó en declaraciones públicas que siempre tendrá las puertas abiertas a todos aquellos que arrepentidos decidan volver.

Al parecer, ante un sincero pedido de disculpas, todo buen militante está en condiciones de regresar a donde pertenece, o “le conviene pertenecer”. Ya lo decía Juan Domingo Perón, “Quien me quiera seguir, que me siga y quien me quiera acompañar, que me acompañe”. ¿Quién osaría desdeñar muestras de apoyo –a menos que sea de un personaje siniestro que haga de efecto “boomerang”- en momentos en donde las elecciones parecieran estar bastante ceñidas?

Los cambios de camiseta no solo ocurren en las filas del Frente Renovador (con intendentes que han seguido a la perfección el mandato de la renovación y la re-renovación), también resonaron recientemente los casos de los candidatos a Vice jefe de gobierno (de Mariano Recalde) y a Vicepresidente (de Ernesto Sanz), Leandro Santoro y Lucas Llach respectivamente. Ambos renovados dirigentes dejaron entrever que en todas las orillas de la política argentina existe una llamativa e intencionada generosidad de quien cobija y recibe, y una endeble convicción de quienes minutos antes de aceptar su nuevo rol venían de realizar afirmaciones en contra de sus ahora aliados.

Para no dejar pasar lo pintoresco del cuadro de época no debemos pasar por alto las opiniones de Santoro y Llach de sus actuales jefes, registradas en las redes sociales. Santoro criticaba sin miramientos al kirchnerismo y Llach, señalaba a los radicales como unos “tibios por naturaleza”.

No es objetable el cambiar de parecer, pero al menos hace ruido el contraste entre una opinión y la puesta al hombro de un proyecto en tan poco tiempo. Es la misma volatilidad de los candidatos, que en su momento caracterizó a la recordada borocoteada (en referencia del pase de Borocotó de las filas del macrismo al Frente para la Victoria) la que pareciera reinar y naturalizarse hoy. La repetida sangría del Frente Renovador parece más un síntoma de la política de la época que de la propia debilidad de liderazgo del ex titular de la ANSES.

Viva la diferencia

La comprobada falta de consistencia del cierre de los acuerdos con sus compañeros transitorios de rutas son un indicador de las dificultades que atraviesa Massa por estos días con vistas a su futuro político, pero no es el único escollo a superar. La carta que le queda pareciera ser lograr formar parte de una gran alianza opositora. Frente a este desafío, el obstáculo, más grande y más simbólico que el alejamiento de un intendente, es la propia historia de nuestro país y el fantasma de las alianzas.

Los argentinos hemos tenido sobradas pruebas –y las vivimos en muchas ocasiones- que las alianzas coyunturales no funcionan. Algunas más estrepitosas y con costos muy altos como fue la de De la Rúa, otras menos dolorosas o al menos sin consecuencias. Todavía es objeto de mención en algunas mesas de estudio qué hubiera pasado si Perón hubiera llevado en la formula a Balbín en el ‘73 y algunos deslizan que quizás no hubiéramos tenido que vivir el espanto de la dictadura.

Así y todo, observamos cómo se robusteció, engordó o creció en volumen político Macri (o al menos así lo pensaron sus asesores de hace 5 meses), con el acuerdo con Carrió y Sanz y el coqueteo con Massa, etc.; sin embargo la realidad hoy sugiere que eso puede ser pensado y utilizado como un factor de debilidad en el caso de que haya ballotage con Scioli, porque agitar el fantasma de la consecuencia de la Alianza del 2001 puede jugar un factor determinante en el imaginario de la sociedad.

Será por esa razón el retorno al “purismo” macrista impulsado por Durán Barba de los últimos meses. Mostrar a Macri como lo nuevo de la política resulta todavía un distintivo que otros no pueden exponer. Y el acierto está ahí, en encontrar cómo diferenciarse en escenarios electorales cada vez más complicados donde resulta cada vez más difícil detectar las motivaciones de por qué la sociedad elige a sus representantes.

Esa es la amenaza más dura que enfrenta el massismo por estas horas, dejar de ser distinto, para ser parecido. El riesgo es grande porque lo parecido diluye la alteridad. La pregunta que nos queda es ¿qué pierde y qué gana Massa bajando su postulación presidencial?. ¿Se fortalece como candidato a Gobernador?. Tiene un as en la manga y es que después del 10 de diciembre, mientras un Scioli o un Macri perdedor debería irse a la casa, él seguirá siendo Diputado Nacional. Y hasta podría liderar la oposición desde el Congreso. Mucho puede especularse pero por las señales que ha dado a los renovadores no le convence demasiado el potencial político real de esta última opción.

Le quedan pocas horas. Mientras tanto el círculo rojo juega a la ruleta repartiendo fichas, entre populares y exclusivos, y ante la necesidad de construir la diferencia, pareciera no haber espacio para que el candidato de la gran avenida del medio, pueda evitar tener que doblar.

*Titular de la Cátedra La Comunicación como herramienta política (UBA)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s