Un baño de popularidad

Por Gonzalo Arias*

Mucho se ha hablado acerca de la farandulización de la política y viceversa, de la politización de los actores, actrices, periodistas y demás personajes públicos. El primero es un fenómeno al que asistimos hace rato, mientras que el segundo es quizás el que mayor polémica ha generado últimamente, dividiendo las aguas acerca de si es conveniente o no expresar la propia posición política y hacerla pública, con la supuesta aprobación o desaprobación social.

La imagen de un político ya no es un tema solo vinculado a atributos como la honestidad o la capacidad de gobernar, sino que ahora también contempla otros aspectos: el cómo recibe la ciudadanía la propuesta de un candidato en campaña, y con qué niveles de empatía. Características que en otros tiempos eran conceptuadas por el gran público como frivolidades, pero que con el correr de los años parecen haberse convertido en primordiales para el éxito electoral.

Durán Barba de por medio, todos repetimos que el electorado vota con el corazón y no con la cabeza, y aquellos instintos vinculados a los sentimientos es a los que parece apelar la tendencia publicitaria de los políticos. Los famosos son un insumo poderoso en este sentido.

El último spot de Recalde -candidato a Jefe de Gobierno en C.A.B.A. (https://www.youtube.com/watch?v=_t_eMx-a4is) es un ejemplo claro de una tendencia en alza: la de mostrarse junto a personalidades que lo apoyan.

La pieza de comunicación es una invitación a “conocer” al Presidente de Aerolíneas, a través de un relato personal en el que su voz aparece en boca de distintas personas (algunas famosas, otras no), idea que tomó de un spot de un candidato republicano de Estados Unidos. Pero más allá de si fue una idea propia o “tomada por prestado”,  la pregunta que surge es, ¿de qué sirve mostrar emblemas en derechos humanos como Susana Trimarco al lado de actrices consagradas o Ministros del nivel de Kicillof? ¿Qué hay detrás de mostrarse al lado de estos personajes?

Y también, ¿por qué tendríamos que saber con quién está casado, o qué música escucha, por qué nos intriga y en algunos casos, se exige saber acerca de estas particularidades personales? Confundimos cada vez más la esfera privada con la esfera pública, y las características de lo que pensamos que hace a una buena persona con las que debería tener el político. La idoneidad y las propuestas se corren a un lado para dar paso a  la intimidad.

Hasta Diego Armando Maradona salió al cruce a Recalde, reprochándole –sin derecho alguno, claro está- que su ex pareja Claudia Villafañe haya aparecido. ¿El argumento del “10” tiene asidero? (“Claudia Villafañe no te sirve, tiene 20 tapados de visón y más de tres millones de dólares en joyas) ¿Cómo se podría interpretar ese hecho? Hay dos respuestas antagónicas: 1) “Claudia representa un ejemplo de que a pesar de ser millonaria, la conmueve una propuesta política y se involucra genuinamente.” 2) “Lo hace por interés, no tiene nada que ver conmigo y mi realidad.” La apuesta del equipo de Recalde por supuesto que es la primera, pero también hay que conocer el riesgo de que el intento pueda ser interpretado como la segunda por mucha gente. ¿Qué criterio usan los consultores para incluir a las figuras? ¿Puede alguna terminar perjudicando al candidato?

Y es que, ¿una cara conocida le aporta credibilidad a una candidatura? Por lo pronto, podemos asegurar que lo que seguro le aporta es visibilidad. Pero ¿qué relación se establece entre la imagen de un famoso y una adhesión a un liderazgo político? ¿Cómo actúa la imagen de otros en la propia elección de un candidato? ¿Por qué haría que inclinemos la balanza si ése actor o actriz nos cae particularmente bien?

En las recorridas de los políticos, ahora se aúnan  los “famosos” (https://www.youtube.com/watch?v=5um1uAq9YlU&feature=youtu.be). Quizás acá se encuentre un elemento más lógico: para captar la atención de los transeúntes, que muchas veces están apurados, otras tantas están hartos de la etapa pre-electoral en donde los abordan militantes con folletos por doquier, acuden a hacerlo con celebridades (que seguramente no ahuyenten a nadie, sino todo lo contrario, despierten la curiosidad).

Por otra parte, se podría objetar que tales personajes son ciudadanos que al igual que uno, acuden a votar el mismo día, así que ¿por qué no podrían hacer uso de su popularidad para sumar votos a una causa en la que confían?

Larreta también se valió de ese recurso, mostrándose junto a Mariana Fabbiani y Guillermina Valdéz en una escuela en Villa Soldati. ¿Qué lectura se puede extraer de esa foto? Desde el lado del votante, ¿qué tan legítimo es que nos interpelen “usando” famosos? ¿Cuánto hay de votos traccionados a raíz de estas imágenes? La sociedad está a pocos meses de elegir nuevamente a sus representantes. Asistimos a una época en donde la discusión política se esparció a diversos ámbitos. Paneles, charlas, programas políticos que proliferan en el prime time. ¿Cómo convive este resurgir con el intento de simplificarlo y condensarlo en una imagen?

Cristina Fernández de Kirchner también ha utilizado esta estrategia. En su spot del 2007 (Dolores Argentina), en la fórmula presidencial con Julio Cobos, aparecen figuras del deporte como  Nalbandián y la “Tigresa” Acuña. Filmus en el 2011, en su campaña a Jefe de Gobierno, tuvo la adhesión de artistas como Horacio Fontova, Andrea del Boca, Alejandro Dolina, Ignacio Copani y Mex Urtizberea entre otros.

Ejemplos sobran. Un baño de humildad se pidió hace unas semanas, y muchos dirigentes se bajaron de la contienda electoral de cara a las próximas PASO. Mientras, los candidatos en siguen en la disputa, eligen por darse un baño de popularidad y para ello buscan recursos que en algunos casos son efectivos y en otros pueden ser un boomerang. Quedará para el periodismo de espectáculos intentar desentrañar qué ocurre con la imagen de un actor o actriz que se resquebraja cuando nos enteramos de que apoya a determinado candidato, o cómo por el contrario, refuerza nuestra imagen positiva sobre ellos.

La relación con el otro fenómeno, el de personajes outsiders a la política presentándose como candidatos o participando en ella (ya sea el caso de Diego Brancatelli, Martiniano Molina, Fernando Niembro, el recientemente derrotado en Santa Fe Miguel del Sel o el del flamante asesor de Rodríguez Saa, Ivo Cutzarida) se inscriben en la misma sintonía de llevar popularidad a un determinado espacio político. Unos optan por participar de un spot, caminar junto a los candidatos, mostrarse en algún acto, y otros suben un escalón más adentrándose de lleno en la política. Postulándose y poniendo su imagen al veredicto de las mayorías. Dejando al margen si sus intenciones de participación son genuinas o no, o si son cuadros políticos, si tienen aptitudes o si son potenciales dirigentes, la discusión pasa a estar en torno a las posibilidades reales que les quedan a los militantes que vienen recorriendo el territorio hace tiempo, discutiendo en órganos participativos, con aspiraciones de obtener un cargo pero sin la notoriedad pública que quisieran tener. Porque para que los elijan, la sociedad tiene que conocerlos. Ese es un postulado casi obvio, pero del que carecen muchos dignos candidatos y que explica en parte, que no puedan llegar al triunfo.

Entonces, no es menor el poder de llegada que tienen estos rostros. Ahora bien, ¿es una ventaja per se ser reconocido en la calle? ¿En qué lugar quedan las propuestas políticas, los proyectos para mejorar la calidad de vida, las ideas acerca de qué país queremos? Ése lugar, más allá de que debería surgir de los propios candidatos, se lo tendríamos que hacer desde la sociedad, para que circule con mayor comodidad el discurso expresamente político, y la discusión se enriquezca.

En lo que respecta a la comunicación política, lo que podemos decir es que el famoso más allá de agregar un aditamento más a su relación con el público y la valoración que el mismo hace de él (por su color partidario), debe saber que al momento de tomar una determinación pública respecto a su pertenencia política comienza a protagonizar un guión donde el protagonista es otro, ni más ni menos que un candidato en su recorrido a las urnas o el conjunto de una fuerza política. Fundamento que nos permite afirmar que la política, bien entrado el 2015, ha superado sin lugar a dudas a la ficción a la hora de construir historias y relatos.

*Titular de cátedra de la materia “La Comunicación como herramienta política” (UBA, Ciencia Política)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s