Historias de timbres y cadenas

Por Gonzalo Arias*

De a poco, la ansiedad del año electoral va mermando. Las elecciones van transcurriendo según el cronograma electoral y los análisis se van sucediendo jornada tras jornada.

Hasta el momento, los oficialismos fueron ratificados con excepción de Mendoza, Tierra del Fuego y, en parte, La Pampa donde Carlos Verna le ganó al candidato ungido por el kirchnerismo, Fabián Bruna. ¿Qué implicancias tiene este dato? ¿Qué lectura pueden hacer Macri, Scioli y Massa de estas elecciones locales?

De los resultados obtenidos hasta el momento, se podría concluir en que los ánimos no parecen estar proclives a un cambio drástico, más bien las elecciones dejan la impresión de que en cada distrito predomina el deseo de continuar por la misma senda. Otro de los aspectos relevantes que surgen de estas primeras contiendas y que está siempre muy presente en las elecciones presidenciales, es la supremacía de los liderazgos, más apoyados en los personalismos que en bases ideológicas.

Si bien faltan definirse algunas elecciones, los porcentajes obtenidos por las fuerzas que gobiernan cada distrito, parecieran evidenciar una voluntad de continuidad, ya sea del kirchnerismo o de la oposición, apoyada en la construcción que vienen haciendo dirigentes políticos con buena llegada y aceptación en sus electorados (recordemos el caso de Córdoba en el que el recientemente ganador Schiaretti pertenece al espacio Unión por Córdoba junto con el presidenciable José Manuel De la Sota).

Por otra parte, independientemente del impacto de cada elección provincial, la referencia nacional es innegable y está anclada en cuestiones estructurales que modelan el humor social, como el poder adquisitivo y los planes sociales. Esto explica un poco que desde la oposición salieran a reivindicar medidas como la Asignación Universal por Hijo por ejemplo. Hay una necesidad de dejar en claro que habrá cuestiones intocables. En este contexto, si existen aspectos “inmunes” al cambio, ¿cómo se sostiene el discurso del cambio? Quedan varios meses de campaña y por lo pronto, cada espacio tiene que consolidar el posicionamiento mantenido hasta ahora.

El desafío mayor lo tiene Mauricio Macri que -desde el PRO y la alianza con el radicalismo y el carrioismo– busca erigirse a la cabeza del liderazgo dentro de la oposición y del antikirchnerismo. El ex presidente de Boca Juniors sigue utilizando la consigna del “cambio” a pesar de estar en el ejercicio del poder hace dos mandatos; Massa en cambio afinó un poco más y eligió como claim de campaña al “cambio justo”, como si las transformaciones sociales y la política fueran materia de precisión, exactitud y objetividad.

Claramente Scioli, transita el camino de la gradualidad, y de la profundización de lo realizado. El desenlace lo sabremos en octubre, pero hasta ese entonces, es interesante el desarrollo de cada campaña y cómo se van modificando y adaptando a medida que conocemos nuevos resultados.

¿Cuánto influyen entonces los resultados –parciales o no- de las instancias electorales locales en la futura elección a Presidente? A grandes rasgos, constituyen una tendencia que de mantenerse, catapultaría a Daniel Scioli a la Casa Rosada. A esta altura, la oposición intenta responder la pregunta ¿cómo torcer esta inclinación a revalidar las administraciones?

De cara al balotaje, Lousteau y Larreta se disputan los votos de Recalde y de la izquierda. Para ambos, esto supone un desafío de distinto tenor. Teniendo en cuenta la posición del PRO respecto a La Cámpora y al kirchnerismo, y la posición de Lousteau como ex funcionario del gobierno Nacional, si bien hoy ambos forman parte de la misma alianza nacional, Larreta está por un lado confiado en ese sólido 45% que obtuvo de apoyo, pero con la disyuntiva entre suavizar su discurso anti-K o no. Lo mismo le pasa a Lousteau. En ese 22% que sacó Recalde está la clave para la victoria.

Lousteau salió a comparar la encuesta telefónica que se está realizando ahora cuestionando el costo del balotaje con la campaña sucia que se hizo en el 2011 contra Daniel Filmus. ¿Una forma de hermanarse con el electorado kirchnerista? Ese gesto, aunque débil, bien puede interpretarse como una manera de acercarse al kirchnerismo porteño.

Las dudas que se plantean frente a una elección así son varias. Si Larreta diluye su oposición al kirchnerismo en un intento por seducir a sus votantes, corre el riesgo de que pierda algunos propios electores (aunque el conjunto de votantes del PRO no sea homogéneo, existe un núcleo duro que lo eligió como clara opción opositora al gobierno Nacional). Estos días quizás tengan para el PRO de Capital Federal, un aspecto más conciliador con el gobierno nacional, tirando mensajes para enamorar a quienes apostaron por el Presidente de Aerolíneas Argentinas, y para el espacio ECO, significarán una radicalización del discurso para cooptar a todo el arco progresista que le resta atraer (llámese peronismo o izquierda), con su correspondiente riesgo a perder a un electorado de clase media que probablemente no lo quiera ver a su candidato mimetizarse con el kirchnerismo. Seguramente, ambos estén evaluando los riesgos y los costos de polarizar. Sin embargo, dado el caudal de votos del kirchnerismo y de la izquierda, ninguno se puede dar el lujo de mantenerse en el mismo lugar.

Recalde optó por una neutralidad que difícilmente sea interpretada como voto en blanco por sus votantes. Pero más allá de las posiciones de los partidos que quedaron fuera del balotaje, lo atractivo de estas elecciones porteñas es seguirle el rastro a cómo construyen los relatos los dos contendientes. Lousteau insiste con debatir porque tiene con qué, porque siempre es más fácil cuestionar a la gestión que está en el poder, y en todo caso, se consolida como fuerza opositora en la Legislatura.

Larreta y Santilli siguen al pie de la letra el posicionamiento elegido: debatir con la gente. En ese lugar se sienten más cómodos, no teniendo que enfrentar a audiencias masivas. La cuestión está en que ese colectivo llamando la gente también merece ver un debate entre los dos candidatos que sumaron más votos para poder contrastar mejor.

En todo caso, el PRO no puede solo usar la carta de “apostar por el oficialismo” porque a pesar de que las elecciones porteñas sean claves para fortalecer el liderazgo de su jefe político, deben seguir pensando en la carrera a la elección nacional.

En Argentina, las campañas, lejos de ser una línea coherente de ideas y acciones, se muestran cada vez más dinámicas y flexibles que nunca. Hoy tenemos una foto pero nada garantiza que se mantenga igual el 9 de agosto. Algunos electores ya piensan estratégicamente como si fueran ellos mismos los asesores de sus candidatos, como Mirtha Legrand que en su tradicional almuerzo cuestionó el método del timbreado a Rodríguez Larreta por considerarlo muy débil como campaña en relación a las cadenas nacionales de la Presidenta. A fuerza de timbres y cadenas seguirá desarrollándose la campaña electoral camino al 9 de agosto. No sabemos quién ganará, pero sí vamos olfateando cuáles serán las características elegidas por cada candidato.

*Titular de cátedra de la materia “La Comunicación como herramienta política” (UBA, Ciencia Política)

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