El fantasma de la ópera

*Por Gonzalo Arias

Como indica su origen etimológico, la ópera es un género de música teatral en el que una acción escénica es armonizada y cantada, con acompañamiento instrumental. Una composición dramática y musical, dice otra de las tantas definiciones que circulan por la red.  Independientemente de las acepciones de la expresión, el rasgo artístico y de puesta en escena que representa la ópera es el que nos interesa destacar por estar íntimamente asociado con la práctica política y el arte de convencer al que se somete un candidato cuando decide adentrarse en una contienda política.

Por estos días, llegó a la pantalla de la televisión argentina la serie Milagros en Campaña, escrita por Jorge Maestro y Sergio Vainman (miércoles a las 22 por Canal 9), que retrata con mucha efectividad el vínculo entre arte y política, no solo por destacar los dotes de la consultora política, Milagros Vega (Viviana Saccone), para poner en funcionamiento una serie de artilugios para que su candidato llegue a ser presidente, sino por el hecho de transformar una práctica oculta en un contenido televisivo.

Espectáculo y política se cruzan en la metáfora de Milagros, que destaca dos perfiles muy claros a través de sus protagonistas centrales que permiten ensayar una reflexión respecto a la lógica de construcción política de la última época, tanto en Argentina como en el mundo. Por un lado, una mirada que se centra en las cualidades de un dirigente político: su capacidad, su honestidad y su carisma; y por el otro, todo lo que el mismo dirigente puede sumar a su personalidad mediante las herramientas del marketing político. Observamos en la realidad que nos toca transitar que en la construcción política argentina coexisten ambas cuestiones, sobretodo en el imaginario del electorado, pero con un fuerte crecimiento del aporte de los consultores y publicistas cuyo trabajo cada vez es más evidente.

Vale retomar fragmentos de una de las críticas recientemente publicadas sobre la nueva ficción para dar cuenta de este movimiento: “Una miniserie que intenta mostrar los hilos maquiavélicos que manejan las extremidades de los títeres de la política argentina. (…) Porque la ficción grafica todo lo que está en bambalinas durante el período en el que un puñado de gente intenta llevar a un candidato al poder” (clarín, 31/07).

El término bambalinas nos sitúa en la jerga teatral y del mundo artístico y nos permite observar como la política cada vez está más cerca del espectáculo. Ópera da cuenta de la acción de orquestar, también asociada al mundo artístico, como la iniciativa para coordinar recursos y hacer que algo (una pieza musical por ejemplo) ocurra, produzca cierto efecto. Orquestar es promover un determinado resultado a través de una acción.

Una operación política no es necesariamente negativa ni positiva, sino que es una forma de hacer que no tiene moral, ni se pregunta por la ética y que solo se mide por su resultado: el triunfo electoral. La serietraslada este ejercicio del poder – muchas veces invisibilizado – en una historia a la medida de los televidentes.  Este gesto creativo, que transforma lo político a lo televisivo, lo vuelve atractivo y lo acerca a los hogares.

La política y la ficción tienen más cosas en común de lo que se creía. Dos mundos que no necesariamente van de la mano, en los últimos tiempos han maridado mucho mejor de lo esperado. Llevar a la ficción este tipo de prácticas permite echar luz sobre los hilos invisibles de la comunicación de un político. Operaciones políticas que se transformarán en narraciones por un rato, que emergen de la realidad a la pantalla en clave de ficción para hacernos dudar y pensar en los bastidores de la política.

House of Cards, Scandal, u otras series extranjeras exitosas, dan cuenta de un fenómeno internacional, que en Argentina comenzó a pedir pista y que recalló en los hombros de dos maestros del arte televisivo y de contar historias, con la potencia de que esto ocurre en un año de efervescencia electoral.

Como señala Jorge Maestro: “¿Qué funciona más hoy en día? ¿La sinceridad con que se muestra un candidato o las estrategias de marketing que lo rodean? Milagrosva a permitir preguntarse sobre qué decisiones definimos nuestro voto. Creo que el electorado primero se enamora de lo que ve de un candidato y después lo conoce.”

Hablamos de El fantasma de la Ópera, en alusión –por un lado- a la obra de teatro como espectáculo, y por el otro, al trabajo de una consultora que está detrás del político y que opera como fantasma, capaz de mover los hilos que conducen al candidato. Las acciones de Milagros serán juzgadas, sus actos provocarán sorpresas. En un año electoral como este, la serie llega para irrumpir en un imaginario colectivo que por momentos desconfía de la política pero que por otros se divierte con ella, mientras sueña con ser un poco más feliz después de diciembre. Algunos seguramente desconfíen de la comunicación política, otros probablemente no imaginen lo que verán.

Cada día evidenciamos con mayor claridad que cuando un tema llega a la tele, pasa a un nuevo estadio de institucionalización, en el sentido de que adquiere un grado de notoriedad que pasa de estar en los márgenes de lo informal, a exponerse a lo grande.  Este es el desafío que encarna la nueva creación televisiva. Ficcionalizar una práctica oculta para llevarla a la mesa de todos los argentinos.

De alguna u otra manera todo este tiempo hemos venido observando lo que los medios hacen con la política, cuando comunican las bondades o peripecias de una gestión de Gobierno, o informan acerca de la actividad proselitista de un candidato en campaña, de lo que poco sabemos es lo que la política puede hacer con los medios, y como los transita para instalar un discurso.

Aquí radica el aporte de esta producción audiovisual que no busca juzgar una práctica o un modo de hacer, sino que más bien apunta mostrar en toda su dimensión el funcionamiento de la práctica política en el siglo XXI.  Sin pretensiones morales ni revolucionarias, probablemente estemos a un nuevo hito de la televisión argentina que, más allá del rating, permitirá conocer más sobre el quehacer de los políticos y sus entornos y, por sobre todas las cosas, eliminar fantasmas, o más bien perderles el miedo. Quedará por verse entonces como afrontan los dirigentes políticos el desarrollo de una historia, ficción y realidad de por medio, que retrata sus principales rasgos pero de la que no son protagonistas principales.

*Consultor Político y Titular de la Cátedra La Comunicación como Herramienta Política (UBA). Asesor de los autores de Milagros en Campaña

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