La última carta

Por Gonzalo Arias*Texas-Holdem

En las últimas jornadas fueron muchas las revelaciones periodísticas que nos permitieron correr momentáneamente la mirada del escenario electoral local, desde la visita del Papa Francisco a la isla cubana y al suelo norteamericano, hasta la controversia entre Chile y Bolivia por la salida al mar del país conducido por Evo. Pero la nueva incursión en la arena política de Beatriz Sarlo a 30 días de las elecciones generales, nos vuelve a poner en el centro de la discusión electoral.

No solo porque sus lecturas de los avatares culturales argentinos siempre son interesantes sino porque volvió a intervenir de lleno en la disputa política por la sucesión de Cristina Fernández de Kirchner. Al parecer, luego de la frustración que le pudo haber ocasionado el desvanecimiento de su deseado y recomendado acuerdo entre Mauricio Macri y Sergio Massa, post PASO, la escritora vuelve al ruedo pero con una cuota mayor de realismo. Algo que no deja de sorprender viniendo de una intelectual de la que podrían esperarse tiempos y afirmaciones más reflexivas. Recordemos que calificó como la más astuta de las estrategias a la añorada alianza que finalmente no se concretó.

En aquel momento sorprendió el traje especulador que se había calzado la escritora, de quien no vamos a describir en este artículo su vasta trayectoria y sobrada experiencia para comprender los fenómenos sociales que nos atraviesan, pero no llamó la atención el reiterado intento de lo que podemos denominar el antikirchnerismo argentino que por esos días replicó sus palabras con la intención de encontrar la fórmula matemática que permitiera sumar los votos necesarios para ganar en octubre o al menos, poder pelear en una segunda vuelta.

En las últimas horas, Sarlo volvió a poner sobre la mesa su preocupación, y la de ese sector del país que abiertamente se manifiesta en contra de toda acción del gobierno actual y que no esconde su alegría de solo pensar un kirchnerismo derrotado, y que se trata ni más ni menos que de responder a la pregunta sobre qué hacer el 25 de octubre frente a la tendencia que parece consolidarse de un kirchnerismo que se afianza y crece, y con un Mauricio Macri que no repunta y que ha cometido uno de los errores que menos se le perdonan a la clase política: no hacer lo que se dice. El caso Niembro sin dudas, independientemente del rumbo judicial que tome, fue un golpe duro a los símbolos del Pro cuyo slogan por estos días podría ser: “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

De esta manera, Sarlo vuelve a darse un baño de pragmatismo extremo que la lleva a colocar entre sus preferencias a Sergio Massa, elogiando las capacidades de sus equipos. En el programa Plan M donde fue recientemente invitada, la ensayista manifestó que Massa cuenta con la ventaja de tener a Roberto Lavagna entre sus filas. Sin embargo, toda su convicción se diluye cuando declara que no votaría a ninguno de los 3 candidatos principales.

También elogió al candidato a Gobernador por la provincia de Buenos Aires por el Frente Renovador, Felipe Solá: “Creo que cualquiera tenía en Felipe Solá un extraordinario candidato. Un hombre que conoce la provincia, que la ha gobernado, que la sacó de una crisis y que intentó mejorar la policía con la reforma de Arslanian, que tuvo a la derecha peronista en contra. En definitiva es un excelente candidato”, expresó la intelectual a la vez que declaró su rechazó a que tanto Aníbal Fernández como María Eugenia Vidal fueran electos en su lugar.

A través de dos movimientos, Sarlo encuentra la solución al problema del antikirchnerismo medular: por un lado resuelve la duda de la gobernabilidad que podría despertar el candidato del Pro, ya que elogia a dos peronistas de los equipos massistas, y por el otro, transforma su antiperonismo en antikirchnerismo para ungir, sin culpa, al tigrense como líder de la oposición en ascenso luego de comprobar que el amarillo del PRO comienza a perder brillo tras las denuncias por contratos irregulares desde el Estado. Se despoja del antiperonismo para abrazar peronistas como la garantía para impedir que el proyecto kirchnerista coloque un nuevo presidente en la historia argentina. Una especie de neogorilismo argentino cuyo fin último vuelve a ser meramente electoral, es decir para ganar en las urnas.

A 30 días de las elecciones no podemos hacer futurología pero de lo que podemos estar seguros es que vuelve a ser el kirchnerismo, hoy encabezado por la figura de Daniel Scioli, el gran protagonista de una elección presidencial. Se acerca la hora de la verdad, donde las decisiones son más trascendentes y donde se reclaman definiciones más precisas, y en algunas filas del pensamiento opositor (como hemos visto), comienzan a sentirse más cómodos con la candidatura de Massa que con la de Macri. Probablemente, mucho haya tenido que ver con las denuncias de los últimos días, aunque lo interesante del nuevo escenario se plantea por el lado de reflexionar por qué el kirchnerismo, más allá de las críticas, en momentos de definiciones termina fortaleciéndose (así lo demuestran los últimos triunfos en Tucumán y en Chaco), y el PRO, con su impronta republicana, su retórica de transparencia y apego a las leyes, se vea debilitado por estos días. En este sentido, y denuncias cruzadas de por medio, lo que podría decirse es que lo que termina prevaleciendo son las mejoras reales y concretas en la calidad de vida de los argentinos. Los avances que se han hecho proyectan un camino para las mayorías que parece muy difícil de detener.

En este contexto, si bien todavía falta mucho, la mayor dificultad por estas horas –si de estrategias de campañas hablamos- se encuentra por el lado opositor en relación a cómo poder demostrar que pueden ofrecer algo más que antikirchnerismo. Un terreno en el que se están moviendo mejor los representantes del Frente Renovador. Al menos Sarlo, acusó recibo de ello. Por el lado del sciolismo, el desafío ya no está en el kirchnerómetro, sino en demostrar que Argentina puede seguir creciendo por la vía inaugurada en 2003, con un mensaje que recupere la memoria, que la traiga del olvido, para que el trabajo hecho en estos años por el kirchnerismo se revalorice y sobrevuele por encima de los vericuetos cotidianos de la política.

*Titular de la Cátedra La Comunicación como herramienta política (UBA)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s