Sin querer queriendo

papa-peronista*Por Gonzalo Arias

Arrancó octubre, estamos a días de las elecciones que ungirán -en primera o segunda vuelta- al próximo Presidente de la Argentina. En el tramo final de la contienda, la comunicación de propuestas y de modelos le da un nuevo color a la disputa y busca colarse en la cotidianeidad de los argentinos. Ya no queda mucho tiempo y se torna necesario fidelizar a los propios y sumar la mayor cantidad de voluntades posibles. Francisco, que parecía ajeno a los vaivenes de la elección local (recordemos que no vino de visita a la Argentina cuando estuvo por Brasil) termina colaborando, sin querer o queriendo, en el estado de ánimo pre-electoral.

A grandes rasgos, el kirchnerismo ha decidido potenciar su estrategia de exponer que hay dos formas de administrar los destinos del Estado en pugna, con el objetivo de instalar en el imaginario colectivo la polarización entre dos esferas bien diferenciadas y contrapuestas. El proyecto impulsado por el kirchnerismo ha elegido a Mauricio Macri como su contracara para construir a partir de ahí su producción discursiva.

Por un lado, a diferencia de años anteriores en el recorrido del relato, la estrategia deja de lado la crisis del 2001 como etapa fundacional del relato kirchnerista para volver a tirar el ancla en el presente, trazando un nuevo horizonte edificado sobre lo realizado para partir desde ahí con un nuevo impulso y corregir el rumbo donde sea necesario, pero avanzando y defendiendo todo lo logrado.

Por el otro, el PRO inició su aventura electoral erigiéndose como el partido político del cambio. El mensaje era rotundo y contundente: Argentina necesitaba un cambio de modelo. Sin embargo, con el correr de los meses y a la luz de algunos sobresaltos no esperados en relación a los resultados electorales de algunas jurisdicciones, el partido amarillo se dio la oportunidad de recalcular y tender a moderar su discurso refundacional.

Vale destacar que el electorado argentino viene sufriendo una constante donde pareciera que el país debe comenzar de cero cada diez años y parece haber comprendido que la oportunidad de octubre de 2015 es continuar –independientemente del signo político que gobierne- por la senda que permita que la Argentina crezca en beneficio de todos los argentinos.  Un verdadero problema para la oposición ya que necesita fortalecerse desde la diferencia con el partido que actualmente gobierna. Si no puede diferenciarse desde una lógica rupturista, ya que como vimos la sociedad argentina no se lo ha permitido, tiene que afinar su creatividad para lograr la distinción que necesita para que el electorado se vuelque por sus propuestas.

En este sentido, Macri –si se compara la línea conceptual de su campaña antes de las PASO con su discurso post PASO y previo a las elecciones generales- fue el candidato que ha mostrado mayores incoherencias respecto a su mensaje frente a la población y que más le ha costado su reposicionamiento. Una situación que lo ha desperfilado y, que sumado a las denuncias de las últimas semanas, permitido que el tercero en discordia, Sergio Massa, se reposicione.

A la oposición pareciera que le cuesta más construir un diferencial que sea exclusivo de ella, y hasta a veces es un boomerang: la estrategia de atacar al adversario sobre la base de denuncias de corrupción hasta que los casos salpican al mismo espacio termina por debilitar un discurso principalmente fundamentado en denuncias y no en propuestas. Si la oposición lograra construir un escenario pesimista en varios aspectos, comenzando por lo económico e institucional, los electores optarían en su mayoría por cambiar esa realidad.

La Presidenta hace pocos días se preguntaba en un acto, ¿si tan malo les parecía el Estado, cómo es que ahora desean conducirlo? Este tipo de idas y venidas en los discursos de la oposición atentan contra los niveles de credibilidad de los candidatos.

Macri –que parece haber acusado el golpe- lejos de darse por vencido redobla la apuesta y exhorta a sus militantes a que tengan “el mismo convencimiento que tienen ellos” (en referencia al kirchnerismo). Más allá de –con este gesto- reconocer que necesita volver a convencer a los propios de que pueden ganar, lo interesante es que pida parecerse a su adversario en cuanto a lo que convicciones se refiere. Es decir que la lógica de la pura administración que planteaba el PRO como clave del éxito de una gestión, también se reformula a pocos días de las elecciones: ahora necesitan de ese apasionamiento que tiempo atrás despreciaban.

En definitiva, no puede desconocerse que los vientos que soplan en el plano internacional también son un guiño para la administración actual y para la fuerza política que la conduce. El clima de época, que tiene al Papa Francisco como el principal actor, muestra una oportunidad para resolver las dificultades mediante el diálogo, incluyendo a los que más lo necesitan, redistribuyendo las riquezas. Sin dudas, estos lineamientos donde el bien común y el desarrollo humano son necesariamente consecuencia de una administración de los Estados nacionales con una fuerte impronta inclusiva, poco favor hacen a la meca opositora de mostrar la necesidad de cambiar cuando la tendencia internacional cada vez tiene más coincidencia con el discurso del gobierno argentino.

En este contexto, la oposición se inquieta  y recalcula, como señalamos ante la similitud entre los mensajes del Papa y de la Presidenta. El Papa Francisco incluyó en sus discursos a las 3 T: Tierra, Techo y Trabajo, y el candidato a Presidente del FPV adhiere a esa propuesta, alejándose y haciendo un paralelismo con la fórmula de las letras, de lo que dice que propone la oposición, las 3 D: “Desánimo, deslegitimación y devaluación”. El escenario planteado por el FPV es el de una construcción colectiva y sin pesimismo, sin necesidad de alentar ningún tipo de fantasma del pasado.

¿Es cuestión de ver quién se parece más al Papa? ¿La era Francisco marca que en política hay que ser y parecer buenos? ¿Basta con ser buenos para ser influyentes? Todos son interrogantes que desvelan tanto a la oposición como al oficialismo. Lo más trascendente es que queriendo o no, Francisco se metió en la campaña política argentina ofreciendo un nuevo glosario para el ordenamiento del poder mundial que tiene mucho de peronista y que marida muy bien con la liturgia kirchnerista.

*Titular de la Cátedra La Comunicación como herramienta política (UBA)

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