¡ES EL CANDIDATO, ESTUPIDO! Hacia un nuevo sistema electoral

conteoPor Gonzalo Arias*

Tras las trágicas jornadas de diciembre de 2001, en un escenario caracterizado por un acuciante deterioro económico y social, y un proceso creciente de movilizaciones populares y protesta social, emergía con particular crudeza una profunda crisis de representación y de credibilidad de la dirigencia política, que se expresaba en la consigna “¡que se vayan todos!”.

Con la confianza devaluada, y echando mano del marketing y la publicidad, la dirigencia comprendió que para reinventarse y volver a recuperar la senda debía buscar nuevas formas de comunicarse con la ciudadanía, mostrándose fundamentalmente más cerca de los problemas de la población y alejados de las mezquindades partidarias o intereses particulares. La misión tenía que ver con mantener viva la política en una nueva versión que dejara atrás viejas prácticas, que poco tenían que ver con la institucionalidad que el país necesitaba reconstruir, y que relegitimara la acción de buscar poder en beneficio de todos los argentinos.

En ese contexto, desde distintos sectores políticos y sociales de la vida nacional, se propusieron diversas iniciativas de reforma política. El tema no era nuevo en la agenda. Desde el retorno a la vida democrática en 1983, ningún gobierno se había privado de postular la necesidad de una reforma de carácter estructural en el sistema político en general, y en el sistema electoral en particular.

Así, desde las propuestas del Consejo para la Consolidación de la Democracia en 1984 se sucedieron, entre otras iniciativas: los debates sobre la Ley Orgánica de Partidos Políticos en 1985, sobre la constitucionalización de los partidos en la reforma constitucional de 1994, las fallidas iniciativas del Ministro del Interior de la Alianza Federico Storani tendientes a reducir el “costo” de la política, la nunca aplicada ley de internas abiertas de Duhalde, la ley de financiamiento de partidos y regulación de campañas en 2006, la ley que reestableció las PASO e introdujo criterios más exigentes para las personerías de los partidos en 2009, y, más recientemente, la ley que estableció el peculiar sistema electoral para la elección de los representantes al ParlaSur.

Este recorrido purificador no ha sido sencillo y ha encontrado resistencias que hoy a la luz del último veredicto de las urnas parecen finalmente doblegarse. Desde las últimas elecciones nacionales, y en particular tras la repercusión mediática de las denuncias de fraude en las elecciones provinciales en la provincia de Tucumán, ha venido tomando cada vez más fuerza la idea de una reforma en el sistema de votación que avance en la implementación de la boleta única, ya sea en su variante en formato papel vigente en las provincias de Córdoba y Santa Fe, o en su versión electrónica vigente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Salta. Es más, según versiones periodísticas, el Presidente Macri habría encomendado a la flamante Secretaría de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, a cargo del dirigente massista Adrián Pérez, la redacción de un proyecto para avanzar en la unificación de los mecanismos para votar a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, que sería debatido durante las sesiones ordinarias del Congreso de este año.

No debemos perder de vista que los sistemas electorales son fundamentalmente instituciones arbitrarias. Como han demostrado autores clásicos de la ciencia política, desde Maurice Duverger a Giovanni Sartori, no sólo son “el instrumento más manipulable” sino también más determinante en el corto plazo del sistema político, fundamentalmente por su impacto en la configuración y funcionamiento del sistema de partidos. De allí que la reforma electoral deba ser fruto del consenso entre los actores (la Constitución establece para este tema una mayoría calificada), es decir los partidos políticos, aunque técnica y jurídicamente pueda estar sustentada por la “Biblioteca de Alejandría”.

Para la comunicación política, lo cierto es que de materializarse una reforma en ese sentido, habrán de profundizarse las tendencias “personalizadoras”, que en nuestro país alcanzaron su punto más alto durante las últimas elecciones donde se han derribado algunos mitos, como por ejemplo, la hegemonía territorial de los barones del conurbano, el efecto arrastre y el poder de los encuestadores en la construcción del escenario político. 

Lejos quedaron los días donde los intendentes históricos garantizaban el triunfo en una elección. Basta con mencionar algunos casos recientes en históricos bastiones peronistas del conurbano bonaerense como Tres de Febrero, donde Hugo Curto perdió la contienda a manos del periodista, Diego Valenzuela o el caso del Municipio de Quilmes donde Francisco barba Gutiérrez por el cocinero Martiniano Molina, entre otros sorpresivos resultados.

En la última elección también cayó en saco roto aquel postulado mítico que sobredimensionaba el peso de una figura que podía arrastrar y traccionarpositivamente al resto de la boleta.  El dato más paradigmático en este sentido fue el desempeño de Aníbal Fernández y Martín Sabbattela quienes a nivel provincial obtuvieron menos votos que la fórmula Scioli – Zanini, evidenciando una tendencia de corte de boleta contraria a la esperada y que se repitió en varias localidades emblemáticas como Avellaneda, Lomas de Zamora y Moreno.

Por último, ningún el más riguroso de los encuestadores pudo anticipar la derrota del Frente para la Victoria en toda su magnitud. En definitiva, tanto los pronósticos errados como el debilitamiento de las viejas prácticas son una muestra de un crecimiento en la autonomía del voto y de que nadie puede arrogarse la propiedad de los votos ni llevar a votar de las narices.

Esta creciente personalización de la política no es sin embargo un fenómeno argentino, sino una de las transformaciones más relevantes de la política actual que, apuntalada por la irrupción de los mass media y la crisis de las grandes organizaciones de masas, ha venido desplazando el acento desde los partidos y programas a los liderazgos y la imagen.

Los electores votan cada vez más personas y no partidos. Los liderazgos se han convertido entonces en un factor decisivo del voto, pero esto no quiere decir en absoluto que los candidatos sean elegidos por la sonrisa en un spot de televisión o el color de su corbata en la foto de un afiche.

La imagen del candidato se convierte en el centro de la estrategia electoral. Imagen que tiene tres dimensiones fundamentales: lo que el candidato es, lo que quiere proyectar y, lo más importante, lo que los votantes perciben que es. De allí la centralidad que adquiere la comunicación en la búsqueda de proyectar una imagen persuasiva a partir de los atributos y capacidades personales de los candidatos.

Esta “personalización” no es necesariamente algo negativo. El problema de la banalización y desideologización de la política no es responsabilidad de los medios de comunicación, sino de la construcción del “mensaje” y de la prioridad que se da a los contenidos en relación a las formas. Dicho de otra forma, ante la falta de liderazgos es probable que la representación de los candidatos en el imaginario social se vea reducida a un cúmulo de imágenes sin contenido.

En el contexto de esta política cada vez más personalizada, impulsada por la crisis de las estructuras más tradicionales, los líderes/candidatos ya no son sólo transmisores de la oferta electoral partidaria, y deben esforzarse por verse creíbles y confiables. Los valores de honestidad, las capacidades personales, y la empatía con los ciudadanos adquieren particular relevancia.

Esto no significa que los partidos hayan quedo completamente relegados, pero sin dudas será cada vez más importante para las organizaciones políticas “mejorar” la oferta política con recursos humanos (liderazgos) de mayor calidad.

Tampoco deben confundirse estas nuevas lógicas de construcción simbólica con un posible advenimiento del fin de la política. Todo lo contrario, nos enfrentamos al desafío de convivir en sociedades –contradictoriamente para algunos- con más predisposición para la política (entendida como práctica transformadora de la realidad por excelencia) y esta característica redefine necesariamente el rol de los dirigentes.

La mejor noticia para muchos es que el destino de la práctica política sigue estando en manos de sus dirigentes que además de la capacidad de movilizar a la propia tropa también tienen que convencer a las mayorías. A la manera del director técnico de un equipo de fútbol, las fuerzas políticas deberán elegir a los mejores jugadores y aquellos que estén más preparados para ganar la competencia. Una conquista donde la disputa ya no será sólo por el poder sino también por la legitimidad.

Sin lugar a dudas, independiente del camino que tome la intención reformista, la dirigencia debe aggiornarse y asimilar el cambio de época para estar a la altura de las demandas de un electorado más activo y exigente –impulsado por el avance de las nuevas tecnologías y la sobreinformación-  que ha comenzado a manejar otros códigos a la hora de buscar satisfacer y expresar sus expectativas. Es decir, ante una nueva forma de votar, la forma de hacer política sigue siendo la misma pero lo que cambian son los criterios para la postulación de un candidato.

En definitiva, una reforma en el sistema de votación como la proyectada, creará una nueva estructura de incentivos que impactará en las reglas de juego de las campañas electorales en nuestro país. De cara a 2017, y todavía sensibilizados por la performance de 2015, ganadores y perdedores deberán afinar la puntería a la hora de elegir los candidatos si quieren salir victoriosos de la próxima contienda electoral.

*Titular de la cátedra La Comunicación como Herramienta Política (UBA).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s