ECUADOR, EL GRAN GANADOR.

Por Gonzalo Arias*16523656-Rostro-humano-pintado-con-la-bandera-de-Ecuador-Foto-de-archivo.jpg

Desde el histórico debate televisado entre John F. Kennedy y Richard Nixon en 1960, que tuvo un fuerte impacto no sólo en los 70 millones de espectadores sino también en los votantes, los debates –sobre todo los presidenciales- han sido progresivamente adoptados en todo el mundo.

No se trata de una herramienta exclusiva de las democracias avanzadas, sino también de una práctica ampliamente extendida en las aún jovénes democracias de la región. Es más, en algunos países como Brasil, Colombia, México y Argentina, los debates presidenciales ya son obligatorios y están regulados por ley.

Sin embargo, esta “cultura del debate” no ha logrado consolidarse aún en Ecuador, privando a los ciudadanos de este saludable ejercicio democrático.

Los debates cumplen un doble rol: por un lado, garantizan el derecho a la información de los ciudadanos; por el otro, contribuyen a plasmar el derecho a la libertad de expresión de los actores políticos.

Desde la perspectiva del electorado, el debate público posibilita conocer y comparar las propuestas, proyectos e ideas de los candidatos, fortaleciendo el derecho a la información de la ciudadanía en pos de un ejercicio más pleno del derecho al sufragio, y contribuyendo al ejercicio del necesario “control ciudadano” sobre el cumplimiento de los compromisos y promesas electorales.

Pero los debates también son beneficiosos para los candidatos, en tanto permiten una mayor difusión y publicidad de sus candidaturas y sus propuestas, en un marco de equidad respecto de los candidatos rivales.

En este marco, lo primero a destacar del “Diálogo Presidencial 2017” organizado por El Comercio es la participación de todos los aspirantes a Carondelet, un hecho que no se había registrado en esta campaña, y que no ocurría desde 2006.

El debate no sólo evidenció las estrategias de los candidatos, sino que al mismo tiempo desnudó sus fortalezas y debilidades.

Lenin Moreno fue quien más riesgos corría con su participación, en cuanto se exponía a potenciales ataques frontales del resto de los candidatos.

Sin embargo, todos optaron por dirigir sus dardos al Presidente Correa, evitando así polemizar directamente con el candidato de Alianza País que, salió relativamente indemne de los principales cuestionamientos de la oposición.

Incluso el mismo Lenin rehuyó a ejercer la defensa del Presidente, quién durante el debate reaccionó en las redes sociales frente a algunas de las acusaciones de la oposición.

Asimismo, debe decirse que el candidato oficialista, si bien no mencionó explícitamente ni al Presidente ni hizo alusión al concepto de “revolución ciudadana”, desaprovechó una valiosísima oportunidad de diferenciarse del primer mandatario, que hubiese sido muy útil para intentar persuadir a los indecisos que le permitirían aspirar a un triunfo en primera vuelta.

Guillermo Lasso y Cynthia Viteri, candidatos que no sólo se disputan el segundo lugar sino también el ingreso a una potencial segunda vuelta, no se sacaron grandes diferencias, y optaron por no tomar riesgos.

El candidato de CREO ratificó la buena performance que ya había tenido en el debate organizado por la Cámara de Comercio de Guayaquil. Con una estrategia centrada en las propuestas de empleo, buscó proyectar su imagen como líder del cambio.

Por su parte, la candidata del PSC evitó esta vez atacar a Lasso, y centró sus esfuerzos en criticar al gobierno y presentar propuestas de una manera didáctica y con tono coloquial.

El resto de los candidatos, relegados a un segundo plano en intención de voto, asumieron mayores riesgos en la búsqueda de llamar la atención del electorado. En este grupo se destacaron las críticas a la “política tradicional”, y la vehemencia de Bucaram y Espinel.

Es cierto que no hubo una verdadera interacción y diálogo entre los candidatos, más allá de sus exposiciones, ataques y defensas puntuales.

Sin embargo, los ecuatorianos pudieron contrastar las propuestas y proyectos de todos los candidatos, verlos polemizar, evaluar sus reacciones ante las críticas y cuestionamientos, y juzgar su lenguaje corporal. Un balance que no debe soslayarse.

Como ya es todo un clásico en los debates, varios se apuraron en adjudicarse la victoria, y las redes sociales explotaron con comentarios e impresiones sobre la performance de los candidatos.

Pero lo único cierto, más allá de especulaciones y análisis interesados, es que el gran ganador fue la democracia ecuatoriana.

Los candidatos ya hablaron, ahora es el tiempo de que los ciudadanos ejerzan en las urnas un voto informado.

Titular de cátedra; La comunicación como herramienta política (Universidad de Buenos Aires, Argentina)

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