¿Construir mayorías o conducir una minoría?

*Gonzalo Arias

WhatsApp Image 2017-05-26 at 09.37.03Un 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación con apenas el 22% de los votos, iniciando no sólo un notable proceso de reconstrucción de la autoridad y la institucionalidad tras la debacle de fines del 2001, sino también de construcción de una mayoría –que desbordó los límites del propio justicialismo- que le permitiría legitimar electoralmente su proyecto político y llevar adelante profundas transformaciones en el país.

Exactamente 14 años después, otro 25 de mayo, los principales actores de la contienda electoral en ciernes comenzaron a explicitar estrategias y avanzar en definiciones.

Cristina Fernández de Kirchner, sin dudas la principal referente del espacio kirchnerista, reapareció en una “entrevista” con periodistas del canal C5N, ratificando que parece haber definitivamente renunciado a esa vocación para la construcción de amplias mayorías que caracterizó al gobierno de su marido Néstor, abrazando una estrategia centrada en la fidelización de su “voto duro” a través de una fuerte polarización con el gobierno de Mauricio Macri.

Por la mañana, el Presidente Mauricio Macri cumplió con el tradicional Tedeum y posteriormente, protagonizó el locro en la Casa Rosada, cerrando su jornada en el Museo del Bicentenario con un centenar de personas, entre las que destacaban decenas de chicos, sentados en primera fila delante del escenario. Allí, Macri no dudó en comparar la gesta patria con su triunfo en 2015: “200 años después se repitió la historia. En la elección de hace dos años, decidimos un cambio. Y el cambio también tiene que ver con ejercer nuestra libertad. La libertad de elegir dónde trabajar, estudiar, cómo vivir, cómo desarrollarnos”, señaló buscando marcar explícitamente el contraste entre su Gobierno y el de Cristina.

También durante la jornada de conmemoración de la revolución de mayo, Sergio Massa y Margarita Stolbizer lanzaron el frente “1 País”, en un cuidado acto que reunió a 13.500 personas en un microestadio de la localidad bonaerense de Tortuguitas, y se presentaron explícitamente como una alternativa a la polarización, criticando duramente “la grieta” y apelando a la unidad de los argentinos. Tarea por cierto harto díficil en un escenario con una polarización tan marcada, que probablemente redundará en una reducción de la dispersión electoral.

En este contexto, no debe perderse de vista que la polarización, al igual que el tango, necesita de dos para bailar.

Lejos de ser una actitud ingenua, una improvisación, o una reacción visceral o emotiva, la polarización es hoy para Cambiemos y el kircherismo la principal estrategia político-electoral. En este sentido, podría incluso afirmarse que Macri y Cristina Fernández de Kirchner, resultan socios en la grieta, lo que se plasma en la construcción de una polarización política electoral.

Pero, más allá de su fundamento ideológico, esta estrategia en cierta forma compartida, ¿les conviene a ambos?.

Está más que claro que la polarización con el kirchnerismo le sirve a Mauricio Macri para llevar el debate electoral a un terreno lo más alejado posible de la marcha de la economía, y mejorar sus chances de ganar las elecciones legislativas de medio término y lograr así un importante plebiscito para su gestión.

Ahora bien, ¿para qué le sirve a Cristina Fernández de Kirchner?

¿Qué busca una dirigente política con una imagen negativa que supera holgadamente su imagen positiva, que continúa hablandole a los más convencidos que no ven más allá del espacio que supo construir, y que ni siquiera dirige sus esfuerzos a quienes quedaron en la frontera, es decir a aquellos que alguna vez acompañaron electoralmente al kirchnerismo pero que hoy les cuesta entrar?

La apuesta en este caso parece ser la de conducir un espacio ya diezmado por la dispersión y la fragmentación, a la vez que obturar las posibilidades de nuevos referentes que, como Florencio Randazzo, buscan abrirse camino a través de convocatorias más amplias que demandan necesariamente alguna dosis de autocrítica y revisión de lo actuado como precondición para poder interpelar nuevos votantes.

A esta altura ya está más que claro que la ex Presidenta prefiere conducir una minoría que construir mayorías. Y Mauricio Macri se lo agradece.

*Gonzalo Arias es sociólogo, consultor en Comunicación Política. Autor de “Gustar, Ganar y Gobernar” (Aguilar 2017)

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